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Rico y Positivo

El camino para ser rico empieza y acaba en ti mismo. Tus hábitos son los que te llevan a estancarte, a sentirte ahogado por las deudas, por tu entorno, por lo que tú crees que se espera de ti. Son tus hábitos los que castigan tus finanzas personales, no las crisis ni cualquier otra excusa externa. Tu objetivo es la independencia financiera, pero no saber como alcanzarla. Pues existe un camino para llegar a ella: la frugalidad.

Según la definición de la Wikipedia, la frugalidad “es la adquisición de bienes y servicios de manera mesurada y recursiva usando bienes y servicios propios para conseguir objetivos a largo plazo“. O sea, es adquirir cosas controladamente, dominando nuestros impulsos, no regalarnos compensaciones instantáneas, evitando las competencias en cuanto a posesiones, y usando nuestros propios recursos. Quiero que veas estos puntos clave uno por uno, con un poco más de detalle, y compruebes si cometes alguno de los errores descritos, y los soluciones:

Controla tus impulsos

Controla tus impulsos

Nuestra sociedad nos ha educado (bombardeado, en realidad) para ser consumidores de cosas. La publicidad que inunda los medios de comunicación nos intenta convencer de que necesitamos tal o cual cosa, de que nuestra vida será mejor con esa cosa, de que comprando algo marcaremos un antes y un después en nuestra calidad de vida.

Si queremos mejorar en nuestra economía personal, por lo tanto, hay que controlar los impulsos que nos incitan a comprar esos objetos de deseo. Pero lo hay que hacer desde el convencimiento personal de que lo que estamos haciendo es lo mejor.

¿Cómo controlarás tus impulsos?

1. Debes hacerte unas preguntas: ¿realmente lo necesito? ¿No tengo ya algo similar y que cumple su función? ¿Lo voy a usar realmente? Debes responderte con honestidad, sincerarte contigo mismo y ser consciente de que puedes estar dejándote llevar por un impulso irracional.

2. Si todavía no te convenciste de que no tienes que comprarlo, prueba con esto: Créate una lista de cosas que te gustaría comprar. Llévala siempre contigo. Cuando veas algo que “tienes” que comprar, apúntalo en esa lista, y apunta también la fecha de ese día y el precio del objeto. Y ahora, fíjate bien: no tienes permiso para comprar nada hasta que pasen 30 días desde que lo deseaste/apuntaste. Esto te ayudará a eliminar de la ecuación de tu deseo el impulso del momento, y, pasado ese mes, habrás tenido tiempo suficiente de valorar si realmente lo necesitas o sólo es un capricho.

3. Si aún así, sigues teniendo problemas de autocontrol a la hora de comprar, y lo sigues haciendo compulsivamente, aquí te dejo otra posibilidad que me gustaría que probaras: No lleves ni dinero en efectivo ni tarjetas de crédito contigo. Evitarás esos gastos compulsivos de una manera radical, no llevando contigo con qué comprar.

Dominar tus impulsos es un paso firme hacia la libertad financiera.

No existen las compensaciones instantáneas

Nos hemos acostumbrado, y acostumbramos a nuestros pequeños también, a que debemos “regalarnos” cosas para compensar un suceso de nuestra vida. Si el niño se cae y se pone a llorar, los padres le compran un dulce o un juguete. Si rompió con el novio, se va a comprar ropa. Si aprobó un examen, se le debe premiar con un regalo. Hay miles de ejemplos en nuestra vida diaria, en los que compramos algo para premiar un evento.

No hay fórmulas mágicas para evitar esto, pero sí hay un fondo de cambio cultural y de modificación de hábitos que debes aplicar.

Si tienes costumbre de irte de compras siempre que te sientes triste por algo, debes mentalizarte de que no necesitas gastar dinero para sentirte mejor. Habla con un amigo, descarga tus sentimientos con otra persona, y te sentirás mejor. ¡Funciona siempre!

Debes aplicar lo mismo con tus hijos: no les envíes un mensaje erróneo, mostrándoles que si se llora por una cosa, tú le vas a comprar otra cosa para calmarlos. Habla con ellos, demuestra preocupación por lo que sienten, intenta entender por lo que están pasando. No les regales cosas, regálales atención, tiempo.

Si piensas que se te debe regalar algo cuando has superado un objetivo (un examen, por ejemplo), deberías empezar a pensar que lo que has conseguido es un premio en sí mismo. Piensa en los objetivos que superas como premios. Un objetivo es algo que tú te propones, es una meta en sí mismo. Tienes que aprender a disfrutar de la consecución de tus objetivos. De saber que conseguiste llegar a donde te propusiste. Si terminaste la carrera y ya eres abogado (o ingeniero, o lo que sea), no esperes a cambio que se te regale un coche, o un viaje, o una casa… Tus estudios terminados son tu mejor regalo, son tu herramienta para un mejor futuro, para unos mejores ingresos que te permitirán adquirir ese coche, ese viaje o esa casa por ti mismo.

No pienses en tus objetivos como un medio para un fin, sino como un fin en sí mismos.

No estás en una competición

Vemos al vecino estrenando coche nuevo, y sentimos un ardor que hace que tengamos, no ya igualarlo, sino superarlo, y empezamos a ver qué nuevos y mejores modelos hay en el mercado. Nuestra vecina se compró sofás nuevos, o remodeló su cocina, o se fue de vacaciones con toda su familia al Caribe, y lo vemos y nos dejamos llevar por una fiebre interna que hace que tengamos que igualar como mínimo lo que ellos estén haciendo. Nuestro hijo ve a otro niño con un globo y automáticamente quiere uno, ¡o dos!…

De nuevo mil ejemplos, mil historias que se suceden diariamente y que nos dicen que esa fiebre consumista que sientes al ver la novedad del vecino, esa ENVIDIA insana que te hace querer ¿ganarle?, ¿superarle? ¿ser mejor? mediante el consumo de algo más caro que él, de gastar indiscriminadamente para ser el ganador, no es otra cosa que… una locura.

Porque no es una competencia en la que ganas si gastas más que el otro, sino todo lo contrario, eres el que más pierde. Pierdes porque consumes algo que realmente no necesitas en tu vida. Pierdes porque estás malgastando tu dinero en algo que no te ofrece ningún tipo de satisfacción o solución real. Pierdes también porque te comportas como un niño caprichoso.

Tienes que ser adulto, consciente de el lugar que deben ocupar tus finanzas en tu vida, y acordarte de tus prioridades. Y si no tienes prioridades, ¡defínelas ya! Y que no sean, por supuesto, tener un mejor coche que el vecino. Tus prioridades deben ser la supervivencia primero de ti y de tu familia (comida, casa, estudios), y después garantizar su futuro. Si te enfocas en eso, te garantizo que tú serás el envidiado, aunque no te lo propongas.

Usa tus propios recursos

Usa tus propios recursos

Planifica tus gastos, planifica tus inversiones, planifica tu vida financiera. Define cuánto y qué te quieres gastar y asume que hay cosas que pueden estar fuera de tu alcance en este momento. Pero ¡ojo!, no renuncies a tus sueños, al contrario, síguelos, busca conseguirlos. Pero no pidas crédito para hacerlo. No utilices tarjetas de crédito para pretender conseguir algo antes de tiempo.

Si quieres comprar algo, ahorra para ello, y cómpralo en efectivo. No hay mejor consejo.

Los créditos, de cualquier tipo, son una trampa en la que no hay que caer, porque siempre vas a perder dinero, ya sea de comisiones, ya sea de intereses.

Busca el comprar siempre en efectivo.

Hemos visto algunos puntos a tener muy en cuenta para sentar unas buenas bases de educación financiera.

En próximos artículos te voy a explicar otros puntos a tener en cuenta para llevar una vida más frugal de la que llevas ahora. Y sobretodo, quiero que te quede una cosa muy clara: ser frugal, ahorrar, “apretarse el cinturón”, son medios para lograr objetivos. Pero ninguno de ellos es sinónimo de sufrimiento. Muy al contrario, vas a ver que si los aplicas, disfrutarás más de la vida, y el camino, tu camino, a la libertad financiera será brillante.

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Estoy convencido de que voy a mencionar muchas veces en este blog a Dave Ramsey. Ramsey es un presentador de un muy famoso programa de radio diario en Estados Unidos en el que habla y aconseja sobre finanzas personales. También es autor de varios libros de finanzas personales, siendo el más conocido “La transformacion total de su dinero“, y es, además, el creador de la Universidad de la Paz Financiera. El enfoque de sus consejos sobre en qué invertir está eminentemente orientado a alguien que vive en Estados Unidos, pero sus consejos sobre la cultura de las finanzas personales sí son universales.

Recomiendo ampliamente leer sus libros porque sus ideas sobre los “pasos de bebé” son realmente motivantes para decidirse a empezar a hacerse cargo de las propias finanzas personales.

Dave Ramsey propone cada año un nuevo reto, y me parece interesante compartirlo aquí. El reto que propone este año es el reto de los $500 dólares de inversión.

Si tienes un fondo de emergencia ya hecho y si no tienes deudas pendientes de liquidar (dejando aparte la hipoteca), Dave te propone que hagas un esfuerzo extraordinario durante este año, ahorrando 500 dólares extra cada mes que colocarás en algún tipo de inversión. Si ya tienes una cuenta para el retiro, intenta aumentar en 500 dólares las aportaciones que ya realizas.

Un dato motivante: suponiendo que tengas 35 años y empezaras hoy este reto, llegarías a la jubilación con 1.76 millones de dólares acumulados, gracias al interés compuesto y a una buena selección de inversiones.

Si todavía no tienes un fondo de emergencia, o tienes deudas por pagar, liquídalas cuanto antes, e incorpórate al reto en cuanto puedas.

No lo dudes. Es un reto muy atractivo, y puedes conseguirlo. A lo mejor te queda muy lejos lo de ahorrar 500 dólares extras (o su equivalente en tu moneda nacional) pero por qué no empezar con 200 dólares mensuales, e ir incrementándolos siempre que puedas.

Es un esfuerzo que vale la pena.

¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que es un reto asumible? ¿Cuál crees que sería la cantidad recomendable en tu caso?

Vía: Dave Ramsey – Investing Minute

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